ALGO DE VITAL IMPORTANCIA.

La Semana Santa y el Domingo de Resurrección son, probablemente, dos de las conmemoraciones más importantes dentro de la fe cristiana, ya que por tradición se recuerda la muerte y resurrección del hijo del Altísimo. Durante esos días, especialmente en Viernes Santo, las iglesias están llenas a capacidad de gente que busca, ya sea por respeto a la tradición o por convicción propia, honrar al Hijo del Altísimo por el sacrificio que hizo por la humanidad. Sin embargo, pocos conocen la verdad acerca del origen de estas celebraciones, las cuales tienen sus raíces en el paganismo.

En la reflexión anterior (titulada “La Pascua: Nuestra Redención en Yahshua”), vimos como la celebración de la Pesaj (Pascua) delinea, en forma profética y perfecta, la muerte y resurrección de Yahshua. Por lo tanto, es importante entender lo siguiente: La Pascua es la única celebración, instituida y ordenada por Yahwéh, que debemos observar para conmemorar la muerte y resurrección de Yahshua (Éxodo 12:14). Las Escrituras no hablan de ninguna otra celebración para ese fin. Cuando Yahshua dijo: “Hagan esto en memoria de mi” (Lucas 22:19) no esta hablando de la Semana Santa, sino de la Pascua. Cualquier otra forma de conmemorar estos importantes eventos son meramente inventos del hombre y, por consiguiente, están en contra de la Palabra del Altísimo.

Entonces, ¿de donde surgió la idea de la Semana Santa y el Domingo de Resurrección? Éstas celebraciones fueron instituidas en el año 325 de nuestra era, durante el famoso Concilio de Nicea. El emperador Constantino, en un esfuerzo por unificar el imperio bajo una misma religión y creencias doctrinales, decretó, entre otras cosas, que la resurrección del hijo del Altísimo debía celebrarse el domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera. La idea original de este decreto era evitar que la Pesaj hebrea coincidiera con la nueva celebración instituida por el concilio, evitando así el que se asociara una celebración con la otra (vemos, en este decreto, el fuerte pensamiento antisemita que imperaba ya en ese tiempo en las mentes de los “Padres de la Iglesia”).

¿Que tiene que ver el equinoccio con la celebración de resurrección? La realidad es que nada tiene que ver, pero era muy conveniente para los romanos. Para explicar esto, primero tenemos que ver el origen de la palabra “Easter”, comúnmente asociada con el Domingo de Resurrección. “Easter” viene de la palabra “Ishtar”, deidad de la fertilidad, el amor y el sexo, también conocida como Astarte y Venus. Dice la antigua leyenda (o mejor dicho, una de las muchas leyendas que existen) que, luego de la muerte de Tamuz su amado, Ishtar desciende al inframundo a abogar por la vida de Tamuz. Éste, finalmente, es resucitado, por lo que todos los años se conmemora su resurrección el domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera…precisamente el mismo día que actualmente se celebra el Domingo de Resurrección. Resultó muy conveniente esta coincidencia, ya que de esta forma era más fácil para la Iglesia Católica evangelizar las masas y convertirlos a la fe cristiana; básicamente lo que hicieron fue continuar la misma celebración del culto a Tamuz pero ahora conmemorando la resurrección del hijo del Altísimo. Sin embargo, su gran ignorancia fue su más grave error, pues las Escrituras prohíben explícitamente el adoptar costumbres paganas para utilizarlas en nuestro servicio y adoración a Yahwéh:

Éxodo 23:24 “No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, NI HARÁS COMO ELLOS HACEN; antes los destruirás del todo, y quebrarás totalmente sus estatuas.”

Levítico 20:23 “Y NO ANDÉIS EN LAS PRÁCTICAS DE LAS NACIONES que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.”

Jeremías 10:2 “Así dice Yahwéh: No aprendáis el camino de las naciones…”

Al hablar de “Easter”, es inevitable dejar de pensar en los conejitos y los huevos de pascua. ¿Alguna vez se ha preguntado que tienen que ver los huevos y los conejos con la resurrección de nuestro Salvador? En primer lugar, ¿quién dijo que los conejos ponen huevos? Los conejos son animales mamíferos, y los mamíferos no ponen huevos, sino que paren a sus crías. ¿De dónde viene este concepto entonces? Los huevos y los conejos son símbolo de fertilidad dentro del paganismo babilónico, por lo cual eran objeto de adoración y considerados como sagrados. De hecho, los babilónicos creían que Semiramis (conocida como Ishtar en otras culturas), la madre-esposa de Tammuz, había descendido del cielo al río Éufrates envuelta en un huevo gigante.

¿Y qué hay sobre la cuaresma? Este período de cuarenta días en los cuales al gente se abstiene de comer carne es básicamente el ritual de los cuarenta días de duelo por la muerte de Tamuz. Los paganos acostumbraban a hacer duelo por la muerte de Tamuz por espacio de cuarenta días; de hecho, las doncellas literalmente lo lloraban por cuarenta días. Este período de duelo culminaba con la conmemoración de su resurrección…precisamente el domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera. ¿Coincidencia? No creo. Esta práctica pagana es abominable ante los ojos de Yahwéh. Veamos lo que el Altísimo le dice a Ezequiel sobre este asunto:

“Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Yahwéh, que está al norte; y he aquí MUJERES QUE ESTABAN ALLÍ SENTADAS ENDECHANDO A TAMUZ. Luego me dijo: ¿No ves hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que éstas…” Ezequiel 8:14-15

Durante el período de cuaresma, y en especial el Viernes Santo, es tradición comer pescado como sustituto de otras carnes. La palabra hebrea para pescado es “Dag”, la cual es la raíz del nombre de una de las deidades principales de los filisteos: Dagón (vea Jueces 16:23, I Samuel 5:2-7). Esta deidad estaba caracterizada por ser representada como un ser mitad humano y mitad pez. De modo que, al seguir la tradición de la cuaresma, lo que realmente se está haciendo es rendir homenaje a Dagón; ninguna porción de la Escritura sustenta esta práctica que, claramente, proviene del paganismo.

De modo que, si analizamos hasta este punto lo que se ha discutido, podemos llegar a la conclusión de que las celebraciones de Semana Santa y de “Easter” realmente son costumbres paganas de otros pueblos incorporadas dentro del cristianismo, con el fin de que las masas asimilen la fe cristiana al asociarlas con las costumbres que ya conocen y, en muchos casos, practican. Ya hemos establecido que tal forma de “evangelismo” va en contra de lo que la Escritura nos dice. Ahora bien, todavía hay otro aspecto que expone el gran error de la celebración de la Semana Santa y Domingo de Resurrección.

La señal de los tres días y las tres noches

Según la tradición, Yahshua murió un viernes en la tarde (Viernes Santo) y resucitó un domingo en la mañana. De hecho, ésta es la razón por la cual la mayoría de las iglesias cristianas se reúnen semanalmente los domingos en la mañana. Sin embargo, la misma Escritura nos muestra que Yahshua ni murió viernes ni resucitó domingo.

En primer lugar, el mismo Yahshua dijo que iba a estar muerto tres días y tres noches:

“Mas Él respondió y les dijo: “La generación adulterina y perversa demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches; así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.” Mateo 12:39-40

Tres días y tres noches equivalen a 72 horas. Ahora bien, ¿de donde se sacaron que de Viernes Santo a Domingo de Resurrección hay tres días y tres noches (72 horas)? ¡Apenas hay día y medio! Si en realidad Yahshua hubiera muerto un viernes y resucitado el domingo siguiente, entonces no es el salvador que nosotros esperamos, pues falla en cumplir la profecía.

¿Cuándo fue que murió realmente Yahshua? Una porción poco conocida en la Escritura nos arroja luz respecto a este asunto:

“Y por una semana confirmará el pacto con muchos, y A LA MITAD DE LA SEMANA HARÁ CESAR EL SACRIFICIO Y LA OFRENDA…” Daniel 9:27

Si leemos el contexto de esta profecía, entenderemos que está hablando sobre la primera venida de Yahshua a la tierra como el Mesías sufriente. La semana a la que se refiere esta porción es la semana que estuvo Yahshua en Jerusalén, cuando fue ejecutado. Y, ¿cuál es la mitad de la semana? ¡Miércoles! Obviamente, al morir Yahshua, el Cordero de Elohim que quita el pecado del mundo, ya no eran necesarios los sacrificios ni las ofrendas de expiación:

“Pero Éste, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, se ha sentado a la diestra de Dios…Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los kedushim (apartados).” Hebreos 10:12,14

Por lo tanto, Yahshua fue ejecutado un miércoles. Este miércoles era precisamente el día de la preparación de la Pesaj (Pascua). De hecho, Yahshua entregó su ruach (aliento, espíritu) exactamente a la misma hora que se sacrificaba el cordero Pascual: a la hora novena, o las tres de la tarde (compare Éxodo 12:6 con Mateo 27:46-50 – la frase “entre las dos tardes” se refiere a las tres de la tarde) Debido a que la Fiesta de los Panes sin Levadura estaba por comenzar, y esa fiesta es un día de reposo (Lucas 23:54), Yahshua tuvo que ser sepultado antes de ponerse el sol ese día, ya que una vez comenzara la fiesta estaba prohibido hacer cualquier tipo de trabajo o labor.

Tres días después, encontramos que las mujeres fueron al sepulcro de Yahshua para ungir su cuerpo con especias aromáticas que habían preparado. Este evento, en el cual ellas descubren que Yahshua había sido resucitado, sucedió “el primer día de la semana, muy de mañana” (Lucas 24:1). Sabemos que el primer día de la semana es domingo. Ahora bien, ¿resucitó Yahshua el domingo? ¡De ninguna manera! Las Escrituras registran que, cuando las mujeres llegaron, la tumba YA estaba vacía; o sea, ya el había sido resucitado cuando ellas llegaron. ¿Y cuando ocurrió eso? El sábado en la tarde, casi al culminar el día de reposo semanal (OJO: No se confunda con el día de reposo de la Fiesta de los Panes sin Levadura. Son dos días de reposo diferentes. El día de reposo de la Fiesta de los Panes sin Levadura ocurrió desde la puesta del sol del miércoles hasta la tarde del jueves. Justo antes de esta celebración Yahshua fue sepultado. Pero el día en que Yahshua resucitó fue casi terminando el día de reposo semanal, o sea, el sábado). Si contamos tres días y tres noches desde el miércoles en la tarde, podemos concluir que el día de su resurrección fue, efectivamente, el sábado. Entoces, ¿por que Lucas 24:1 dice que fue muy de mañana? Examinemos otro verso similar para explicar lo que sucede:

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.” Mateo 28:1

En la frase “pasado el primer día de reposo”, en los manuscritos griegos, la palabra utilizada es “opse”, lo cual quiere decir “tarde en el día” o “luego de haber terminado el día”. Sabemos que el día, según las Escrituras, termina con la puesta del sol. Por lo tanto, la visita de las mujeres no ocurrió al amanecer del domingo, como se quiere hacer creer, sino al final del Shabat semanal, en la noche del sábado. Naturalmente, los traductores que hicieron los manuscritos griegos escriben la frase “al amanecer” ya que, para ellos, el día comienza a medianoche. Sin embargo, no fue así, ya que la cronología ya trazada de acuerdo a lo que dice la Escritura lo confirma. Probablemente, una manera más adecuada de traducir este verso y otros mas que utilizan la misma frase (como Juan 20:1 y Lucas 24:1) sería decir “al comienzo del primer día” en vez de decir “al amanecer del primer día”.

En adición a lo expuesto en el párrafo anterior, el mismo Yahshua dijo: “El Hijo del Hombre es Adón (amo) aun del sábado.” (Lucas 6:5) Esta declaración, además de confirmar su resurrección el sábado, nos muestra que su resurrección trae reposo y paz a nuestras vidas. Es por esa razón que, en cada Shabat (día de reposo) que celebramos, debemos recordar que nuestro reposo y nuestra paz está en Yahshua HaMashiah (Yahshua el Ungido).

Quisiera concluir este escrito con una exhortación especial. El pueblo de Yahwéh se distingue por ser un pueblo apartado, escogido, y llamado a servirle según su Palabra lo establece. Seamos ese pueblo que escoge servirle según lo que Él estableció, y no según la tradición pagana del hombre. Esto requiere un compromiso genuino y firme; un compromiso de fidelidad, aunque eso implique ir en contra de todo un sistema. De todos modos, ¿no fue eso lo que Yahshua hizo? Como dice el viejo refrán: “Aquí es que se separan los hombres de los niños” De hecho, Shaúl (Pablo) lo expresó de manera similar:

“Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.” I Corintios 14:20

Por lo tanto, seamos maduros en nuestra manera de pensar.

“…Quién está por Yahwéh?…” Éxodo 32:26

“…escogeos hoy a quién sirváis…yo y mi casa serviremos a Yahwéh.” Josué 24:15

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